martes, 27 de diciembre de 2011

Soberbia

Seguimos sin entender para qué están las leyes. En la tapa de los diarios de hoy se habla de 10 muertos en las rutas, tanto nacionales como del exterior. Mientras se sigan dando licencias de conducir sin demostrar a cambio idoneidad. Mientras sigamos pensando que el mundo gira alrededor nuestro. Mientras nuestra soberbia siga impidiendo nuestro buen desempeño dentro de la sociedad, titulares como éste se seguirán reproduciendo hasta el hartazgo

viernes, 18 de noviembre de 2011

Violencia social

En Villa María se conoció un caso en el que en una escuela alumnos agredieron a un compañero por ser gordo, filmaron la escena y la subieron a youtube. Casi al mismo tiempo pero en San Justo un alumno llevó un arma, que pertenece a su padre, a la escuela para mostrársela a sus compañeros. Ésta se cayó al piso, se disparó e hirió a dos amigos

¿En qué familias están creciendo nuestros adolescentes en donde la discriminación se torna natural? ¿En dónde están viviendo como lógica la cobardía de filmar una agresión en vez de detenerla y combatirla? ¿Quiénes guardan es sus casas armas cargadas al alcance de menores? ¿En algún momento nos vamos a hacer cargo de nuestras responsabilidades?

viernes, 26 de agosto de 2011

Día de la solidaridad

Este día fue establecido en nuestro país en homenaje a la madre Teresa de Calcuta, una monja católica de la etnia albanesa que nació el 26 de agosto de 1910. Agnes Gonxha Bojaxhiu, era su verdadero nombre realizó una trascendental tarea humanitaria por todo el mundo.
Comenzó curando enfermos y amparando huérfanos y hambrientos de las calles de Calcuta (India). En 1949 fundó la orden de las misioneras de la Caridad, cuyos miembros además de asumir los votos de pobreza, castidad y obediencia, deben servir a los pobres. La madre Teresa recibió el premio Nobel de la Paz en 1979. Murió en 1997
.

En el Día de la Solidaridad, queremos compartir con vos el video de esta práctica inspiradora, en la que alumnos de 1º Polimodal de nuestro CEI San Ignacio fueron a construir un invernadero en la casa de Carolina Zúñiga, en el marco de la materia Huerta y Hortalizas.

Las prácticas de aprendizaje y servicio solidario son un elemento clave en la formación de los alumnos de nuestros centros educativos, y los invernaderos una importante herramienta para el desarrollo integral de las familias: mejoran la alimentación, generan trabajo -no dependencia- y fomentan la cultura del ahorro, ya que se contruyen principalmente a través de fondos rotativos y las familias deben devolver parte de la inversión.

En este Día de la Solidaridad, te invitamos a contagiarte de la actitud solidaria de estos alumnos y sumarte a nuestro Programa Amigos de Cruzada Patagónica.

Ingresá a www.cruzadapatagonica.org o llamanos al 011 4790-9366


jueves, 28 de julio de 2011

miércoles, 20 de julio de 2011

Amigos

Hace unos cuantos años el gran Alejandro Dolina escribió uno de sus pequeños grandes cuentos que tituló Instrucciones para elegir en un picado

En él relata como deben elegirse los compañeros con los que uno compartirá un partido de fútbol y concluye que esos mismos parámetros los debe tener uno para la vida

A todos ustedes FELIZ DÍA!!!!!!!!!!




Instrucciones para elegir, “en un picado” de fútbol


Autor: Alejandro Dolina

Cuando un grupo de amigos no enrolados en ningún equipo, se reúnen para jugar, tiene lugar una emocionante ceremonia destinada a establecer quiénes integrarán los dos bandos.

Generalmente dos jugadores se enfrentan en un sorteo o pisada y luego cada uno de ellos elige alternadamente a cada uno de sus compañeros.

Se supone que los más diestros serán elegidos en los primeros turnos, quedando para el final los troncos.

Pocos han reparado en el contenido dramático de estos lances. El hombre que está esperando ser elegido vive una situación que rara vez se da en la vida: sabrá de un modo brutal y exacto en qué medida lo aceptan o lo rechazan. Sin eufemismos, conocerá su verdadera posición en el grupo. A lo largo de los años, muchos futbolistas advierten su decadencia, conforme su elección sea cada vez más demorada.

Manuel Mandeb, que casi siempre oficiaba de elector, observó que sus decisiones no siempre recaían sobre los más hábiles. En un principio se creyó poseedor de vaya a saber qué sutilezas de orden técnico, que le hacían preferir compañeros que reunían... ciertas cualidades.

Pero un día comprendió que lo que en verdad deseaba, era jugar con sus amigos más queridos. Por eso elegía siempre a los que estaban más cerca de su corazón, aunque no fueran los más capaces.

El criterio de Mandeb parece apenas sentimental, pero es también estratégico: uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudarán, lo comprenderán, lo alentarán y lo perdonarán.

Un equipo de hombres que se respetan y se quieren es invencible. Y si no lo es, más vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los extraños o los indeseables.

Alejandro Dolina

martes, 14 de junio de 2011

lunes, 13 de junio de 2011

Día del escritor

Para los que cada día comienzan a escribir su historia. Para los que nunca la escribieron y la aceptan con pesada resignación. Para los que escriben música. Para los que no saben escribir. Para los que putean, como yo, a los buenos escritores (pura envidia). Para los que ayudan a otros a escribir sus primeros trazos. Para los que creen que el destino está escrito y para los que creen que lo escribimos nosotros de puño y letra. Para los escritores frustrados. Para los consagrados. Para los que como Serrat creen que el "amor no es literatura si no se puede escribir en la piel"
Para todos feliz día

sábado, 30 de abril de 2011

Sábato




El 24 de junio de 2000 amaneció lluvioso. Por la radio del auto, cerca del mediodía, me enteré que había fallecido el cantante cuartetero Rodrigo Bueno. “El Potro” tal como se lo conocía al cantante cordobés, estaba atravesando la cumbre de su carrera. Ese mismo año llenó trece veces el estadio Luna Park y sus discos fueron éxitos de ventas. Los adolescentes sentían devoción por él y consumían todo lo que de él se dijera o vendiera.

Por la tarde sus restos fueron velados en la Municipalidad de Lanús, lugar en donde iba a dar un recital esa misma noche e iba a ser declarado ciudadano ilustre

El lunes 26 comencé mi jornada laboral en un colegio de Lanús, pero dar clases fue imposible. Un grupo de alumnos lloraba desconsoladamente, otros tarareaban canciones de su ídolo musical. Todos leían revistas de actualidad y se contaban todo lo sucedido en esos últimos dos días. Pero ocurrieron hechos realmente increíbles esa mañana: La mejor alumna me contó que realizó horas de una fila interminable para despedirse junto al ataúd, pero como el tiempo se dilataba decidió pasar, junto a otros compañeros, por un lugar vedado al público y se encontraron con la policía que les cerró el paso. Les gritaron, los empujaron e insultaron y cuando se fueron contra ellos los uniformados actuaron y todos los jóvenes se ligaron unos cuantos golpes. Ante mi asombro la adolescente me contó, mientras mostraba sus golpes, que lo hizo en honor a su ídolo. Otro joven pasó la noche bajo un umbral del edificio municipal llorando y rezando por el alma, que según él, ya cantaba en el cielo. En una casa se juntaron ocho jóvenes a escuchar al cuartetero de pelo azul y lo hicieron en un respetuoso silencio sólo interrumpido por llanto desconsolado. Algunos padres vinieron a retirar a sus hijos y manifestaban su preocupación por el grave estado en que los veían. Todos hablaban de consultas psicológicas.

En cuanto pude hablé con ellos. Les expresé mi opinión. Traté de levantarles el ánimo que para muchos estaba destruido. Al finalizar les dije, tratando de entender la conmoción que provocaba la muerte de este ídolo, que por diferencia de edad, yo no entendía: “Espero que se conmuevan aunque sea un poco, cuando muera Ernesto Sábato” Ellos me miraron sin entender y me fui cuando empezó el recreo sin que ellos lo notaran




Casi doce años después espero que alguno de ellos les haya sobrecogido la noticia

jueves, 3 de marzo de 2011

Queda prohibido




QUEDA PROHIBIDO

ALFREDO CUERVO BARRERO

¿Qué es lo verdaderamente importante?,
busco en mi interior la respuesta,
y me es tan difícil de encontrar.
Falsas ideas invaden mi mente,
acostumbrada a enmascarar lo que no entiende,
aturdida en un mundo de irreales ilusiones,
donde la vanidad, el miedo, la riqueza,
la violencia, el odio, la indiferencia,
se convierten en adorados héroes,
¡no me extraña que exista tanta confusión,
tanta lejanía de todo, tanta desilusión!.
Me preguntas cómo se puede ser feliz,
cómo entre tanta mentira puede uno convivir,
cada cual es quien se tiene que responder,
aunque para mí, aquí, ahora y para siempre:
Queda prohibido llorar sin aprender,
levantarme un día sin saber qué hacer,
tener miedo a mis recuerdos,
sentirme sólo alguna vez.
Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quiero,
abandonarlo todo por tener miedo,
no convertir en realidad mis sueños.
Queda prohibido no demostrarte mi amor,
hacer que pagues mis dudas y mi mal humor,
inventarme cosas que nunca ocurrieron,
recordarte sólo cuando no te tengo.
Queda prohibido dejar a mis amigos,
no intentar comprender lo que vivimos,
llamarles sólo cuando los necesito,
no ver que también nosotros somos distintos.
Queda prohibido no ser yo ante la gente,
fingir ante las personas que no me importan,
hacerme el gracioso con tal de que me recuerden,
olvidar a todos aquellos que me quieren.
Queda prohibido no hacer las cosas por mí mismo,
no creer en mi dios y hallar mi destino,
tener miedo a la vida y a sus castigos,
no vivir cada día como si fuera un último suspiro.
Queda prohibido echarte de menos sin alegrarme,
odiar los momentos que me hicieron quererte,
todo porque nuestros caminos han dejado de abrazarse,
olvidar nuestro pasado y pagarlo con nuestro presente.
Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen más que la mía,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha,
sentir que con su falta el mundo se termina.
Queda prohibido no crear mi historia,
dejar de dar las gracias a mi familia por mi vida,
no tener un momento para la gente que me necesita,
no comprender que lo que la vida nos da, también nos lo quita.

martes, 25 de enero de 2011

Cabezas


Hace exactamente 14 años el fotógrafo José Luis Cabezas apareció asesinado dentro de su auto en las cercanías de la apacible ciudad balnearia de Pinamar.

Su cuerpo fue encontrado con dos tiros en la cabeza, con las manos esposadas y con su auto incendiado. El entonces presidente de la nación Carlos Menem prometió un rápido esclarecimiento del caso y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, durante toda la década del 90, sugirió que el asesinato era para perjudicarlo y le prometió a la familia del fotógrafo que haría todo lo que estuviera a su alcance para encontrar responsables y respuestas

A comienzos del 2000 se realizó un juicio donde se repartieron penas para nueve implicados y el enigmático empresario Alfredo Yabrán se suicidó en mayo de 1998 presionado por el caso y escapado de la justicia

Increíblemente hoy todos los presos están libres

Increíblemente hoy Menem y Duhalde siguen con aspiraciones presidenciales

Increíblemente hoy casi nadie cree en la muerte de Yabrán

Increíblemente hoy casi nadie se acuerda de José Luis Cabezas

video

lunes, 17 de enero de 2011

Indio Solari

Hoy cumple sus primeros 62 añitos el que para muchos es el cantante y compositor de rock nacional más importante

A fines de los ´70 fundó, junto al guitarrista Skay Belinson, la famosa banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota que se afianzaron y comenzaron su carrera en 1983 donde el Indio era su voz y uno de los compositores de todos los temas.

En el 2001 la banda se separa y el comienza su carrera solista con Los fundamentalistas del aire acondicionado (aunque él figure como músico invitado)

Cultor del bajo perfil, se ha caracterizado por no dar entrevistas (salvo en contadas radios), vive recluído en una quinta del Gran Buenos Aires de dónde sale a dar recitales multitudinarios y se expresa por sus canciones muy reconocidas por sus metáforas características

Festejamos juntos el cumpleaños de este artista integral que ha sabido ganarse el respeto y el corazón de muchos de los que, como él, respiramos nuestra Argentina


martes, 11 de enero de 2011

Desventuras en el país Jardín de Infantes


Seguramente muchos de nosotros estamos tarareando, desde ayer, a Manuelita o a alguna otra canción que se nos quedó guardada desde nuestra niñez. Ayer murió María Elena Walsh y se fue una de nuestras intelectuales más prestigiosas y la responsable de muchos de nuestros mejores momentos.

Levantemos nuestra copa por su memoria y por la de todos los otros prohombres que hacen que nuestra vida sea valedera y que nos entrenan en el duro ejercicio del pensamiento

En 1979 publicó Desventuras en el país Jardín de Infantes donde detallaba, en su particular estilo, el país oscuro de esa época




Si alguien quisiera recitar el clásico "Como amado en el amante / uno en otro residía..." por los medios de difusión del País-Jardín, el celador de turno se lo prohibiría, espantado de la palabra amante, mucho más en tan ambiguo sentido.


Imposible alegar que esos versos los escribió el insospechable San Juan de la Cruz y se refieren a Personas de la Santísima Trinidad. Primero, porque el celador no suele tener cara (ni ceca). Segundo, porque el celador no repara en contextos ni significados. Tercero, porque veta palabras a la bartola, conceptos al tuntún y autores porque están en capilla.

Atenuante: como el celador suele ser flexible con el material importado, quizás dejara pasar "por esa única vez" los sublimes versos porque son de un poeta español.

Agravante: en ese caso los vetaría sólo por ser poesía, cosa muy tranquilizadora.

El celador, a quien en adelante llamaremos censor para abreviar, suele mantenerse en el anonimato, salvo un famoso calificador de cine jubilado que alcanzó envidiable grado de notoriedad y adhesión popular.

El censor no exhibe documentos ni obras como exhibimos todos a cada paso. Suele ignorarse su currículum y en que necrópolis se doctoró. Sólo sabemos, por tradición oral, que fue capaz de incinerar La historia del cubismo o las Memorias de (Groucho) Marx. Que su cultura puede ser ancha y ajena como para recordar que Stendhal escribió dos novelas: El rojo y El negro, y que ambas son sospechosas es dato folklórico y nos resultaría temerario atribuírselo.

Tampoco sabemos, salvo excepciones, si trabaja a sueldo, por vocación, porque la vida lo engañó o por mandato de Satanás.

Lo que sí sabemos es que existe desde que tenemos uso de razón y ganas de usarla, y que de un modo u otro sobrevive a todos los gobiernos y renace siempre de sus cenizas, como el Gato Félix. Y que fueron ¡ay! efímeros los períodos en que se mantuvo entre paréntesis.

La mayoría de los autores somos moralistas. Queremos —debemos— denunciar para sanear, informar para corregir, saber para transmitir, analizar para optar. Y decirlo todo con nuestras palabras, que son las del diccionario. Y con nuestras ideas, que son por lo menos las del siglo XX y no las de Khomeini.

El productor-consumidor de cultura necesita saber qué pasa en el mundo, pero sólo accede a libros extranjeros preseleccionados, a un cine mutilado, a noticias veladas, a dramatizaciones mojigatas. Se suscribe entonces a revistas europeas (no son pornográficas pero quién va a probarlo: ¿no son obscenas las láminas de anatomía?) que significativamente el correo no distribuye.

Un autor tiene derecho a comunicarse por los medios de difusión, pero antes de ser convocado se lo busca en una lista como las que consultan las Aduanas, con delincuentes o "desaconsejables". Si tiene la suerte de no figurar entre los réprobos hablará ante un micrófono tan rodeado de testigos temerosos que se sentirá como una nena lumpen a la mesa de Martínez de Hoz: todos la vigilan para que no se vuelque encima la sémola ni pronuncie palabrotas. Y el oyente no sabe por qué su autor preferido tartamudea, vacila y vierte al fin conceptos de sémola chirle y sosa.

Hace tiempo que somos como niños y no podemos decir lo que pensamos o imaginamos. Cuando el censor desaparezca ¡porque alguna vez sucumbirá demolido por una autopista! estaremos decrépitos y sin saber ya qué decir. Habremos olvidado el cómo, el dónde y el cuándo y nos sentaremos en una plaza como la pareja de viejitos del dibujo de Quino que se preguntaban: "¿Nosotros qué éramos...?"

El ubicuo y diligente censor transforma uno de los más lúcidos centros culturales del mundo en un Jardín-de-Infantes fabricador de embelecos que sólo pueden abordar lo pueril, lo procaz, lo frívolo o lo histórico pasado por agua bendita. Ha convertido nuestro llamado ambiente cultural en un pestilente hervidero de sospechas, denuncias, intrigas, presunciones y anatemas. Es, en definitiva, un estafador de energías, un ladrón de nuestro derecho a la imaginación, que debería ser constitucional.

La autora firmante cree haber defendido siempre principios éticos y/o patrióticos en todos los medios en que incursionó. Creyó y cree en la protección de la infancia y por lo tanto en el robustecimiento del núcleo familiar. Pero la autora también y gracias a Dios no es ciega, aunque quieran vendarle los ojos a trompadas, y mira a su alrededor. Mira con amor la realidad de su país, por fea y sucia que parezca a veces, así como una madre ama a su crío con sus llantos, sus sonrisas y su caca (¿se podrá publicar esta palabra?). Y ve multitud de familias ilegalmente desarticuladas porque el divorcio no existe porque no se lo nombra, y viceversa. Ve también a mucha gente que se ama —o se mata y esclaviza, pero eso no importa al censor— fuera de vínculos legales o divinos.

Pero suele estarle vedado referirse a lo que ve sin idealizarlo. Si incursiona en la TV —da lo mismo que sea como espectador, autor o "invitado"— hablará del prêt-à-porter, la nostalgia, el cultivo de begonias. Contemplará a ejemplares enamorados que leen Anteojito en lugar de besarse. Asistirá a debates sobre temas urticantes como el tratamiento del pie de atleta, etcétera.

El público ha respondido a este escamoteo apagando los televisores. En este caso, el que calla —o apaga— no otorga. En otros casos tampoco: el que calla es porque está muerto, generalmente de miedo.

Cuando ya nos creíamos libres de brujos, nuestra cultura parece regida por un conjuro mágico no nombrar para que no exista. A ese orden pertenece la más famosa frase de los últimos tiempos: "La inflación ha muerto" (por lo tanto no existe). Como uno la ve muerta quizás pero cada vez más rozagante, da ganas de sugerirle cariñosamente a su autor, el doctor Zimmermann, que se limite a ser bello y callar.

Sí, la firmante se preocupó por la infancia, pero jamás pensó que iba a vivir en un País-Jardín-de-Infantes. Menos imaginó que ese país podría llegar a parecerse peligrosamente a la España de Franco, si seguimos apañando a sus celadores. Esa triste España donde había que someter a censura previa las letras de canciones, como sucede hoy aquí y nadie denuncia; donde el doblaje de las películas convertía a los amantes en hermanos, legalizando grotescamente el incesto.

Que las autoridades hayan librado una dura guerra contra la subversión y procuren mantener la paz social son hechos unánimemente reconocidos. No sería justo erigirnos a nuestra vez en censores de una tarea que sabernos intrincada y de la que somos beneficiarios. Pero eso ya no justifica que a los honrados sobrevivientes del caos se nos encierre en una escuela de monjas preconciliares, amenazados de caer en penitencia en cualquier momento y sin saber bien por qué.

Es verdad que no toda censura procede "de arriba" sino que, insisto, es un antiguo deporte de amanuenses intermedios. Pero el catonismo oficial favorece —como la humedad a los hongos— la proliferación de meritorios y culposos. Unos recortan y otros se achican. Y entre todos embalsamamos las mustias alas de cóndor de la República.

Nuestra historia —con sus cabezas en picas, sus eternos enconos y sus viejas o recientes guerras civiles— nos ha estigmatizado quizás con una propensión latente represiva-intervecinal que explota al menor estímulo y transforma la convivencia en un perpetuo intercambio de agravios y rencores.

No es ejemplo actual sino intemporal, digamos, el del taxista calvo que "fusilaría a los muchachos de pelo largo". El del culto librero que una vez, al pedirle un libro feminista, me reprochó: "Vamos, no va a ponerse a leer esas cosas..." ("Nena, eso no se toca.") O el del director de una sala que exigió a un distinguido coreógrafo que no incluyera "danza demasiado moderna ni con bailarinas muy desvestidas". ("Nene, eso no se hace.")

Quienes desempeñan la peliaguda misión de gobernarnos, así como desterraron —y agradecemos— aquellas metralletas que nos apuntaban por doquier en razón de bien atendibles medidas de seguridad, deberían aliviar ya la cuarentena que siguen aplicando sobre la madurez de un pueblo (¿se acuerdan del Mundial?) con el pretexto de que la libertad lo sumiría en el libertinaje, la insurrección armada o el marxismo frenético.

Y si de aplacar la violencia se trata, ¿por qué no se retacean las series de TV o se sanciona a los conductores que nos convierten en virtuales víctimas y asesinos?

Creo necesario aunque obvio advertir que en las democracias donde la libertad de expresión es absoluta la comunidad no es más viciosa ni la familia está más mutilada ni la juventud más corrompida que bajo los regímenes de exagerado paternalismo. Más bien todo lo contrario. Delito e irregularidad son desgraciadamente productos de nuestra época (y de otras) y se dan en casi todos los países excepto los comunistas. ¿Son ellos nuestro ideal?

Aun la pornografía —que personalmente detesto, en especial la clandestina y la española— y las expresiones llamadas de vanguardia, pasado un primer asalto de curiosidad, son naturalmente relegadas a un gueto: barrios, salas, círculos. Y allí va a buscarlas el adulto cuando tiene ganas, así como va a sintonizar debates sobre temas vigentes durante el horario de protección al menor.

Se supone que, en cuanto el censor desaparezca, los primeros en aprovechar del recreo serán los descomedidos de siempre, que reflotarán una grosera contra-cultura. Pero a la larga resultarían relegados siempre que una debida promoción (que hoy tampoco existe) de los honestos los lleve a ocupar las posiciones más evidentes.

El abuso puede ser controlable mediante una coherente reglamentación, pero es preferible mil veces correr los riesgos que entraña la libertad, por lo mucho de positivo que engendra, que asustamos a priori para ser pobres pero honrados, niños pero atrasados, que no es lo mismo que puros.

En cambio los tortuosos mecanismos que paralizan preventivamente la cultura sí contaminan y achatan a toda la familia social y no sólo le vedan el acceso a las grandes ideas sino que generan fracaso, reyertas e hipocresía... vicios poco recomendables para una familia.

En lugar de presentar certificados de buena conducta o temblar por si figuramos en alguna "lista" creo que deberíamos confesar gandhianamente: sí, somos veinticinco millones de sospechosos de querer pensar por nuestra cuenta, asumir la adultez y actualizamos creativamente, por peligroso que les parezca a bienintencionados guardianes.

Veinticinco millones, sí, porque los niños por fortuna no se salvan del pecado. Aunque se han prohibido libros infantiles, los pequeños monstruos siguen consumiendo historias con madrastras-harpías, brujas que comen niños, hombres que asesinan a siete esposas, padres que abandonan a sus hijos en el bosque, Alicias que viajan bajo tierra sin permiso de mamá. Entonces ellos, como nosotros, corren el riesgo de perder ese "sentido de familia" que se nos quiere inculcar escolarmente... y con interminables avisos de vinos.

Ésta no es una bravuconada, es el anhelo, la súplica de una ciudadana productora-consumidora de cultura. Es un ruego a quienes tienen el honor de gobernarnos (y a sus esposas, que quizás influyan en alguna decisión así como contribuyen al bienestar público con sus admirables tareas benéficas): déjennos crecer. Es la primera condición para preservar la paz, para no fundar otra vez un futuro de adolescentes dementes o estériles.

Como aquella pobre modista negra llamada Rosa Parks, encarcelada por haberse negado a cederle el asiento a un pasajero blanco en un autobús según la obligaba la ley, la autora declararía a quien la acusara de sediciosa: "No soy una revolucionaria, es que estaba muy cansada".

Pero Rosa Parks, en un país y una época (reciente) donde regían tales leyes en materia de "derechos humanos", era adulta y, ayudada por sus hermanos de raza, pudo apelar a otro ámbito de la justicia para derrotar a la larga la opresión y contribuir a desenmascarar al Ku Klux Klan.

Nosotros, pobres niños, a qué justicia apelaremos para desenmascarar a nuestros encapuchados y fascistas espontáneos, para desbaratar listas que vienen de arriba, de abajo y del medio, para derogar fantasmales reglamentos dictados quizás por ignorancia o exceso de celo de sacristanes más papistas que el Papa.

Sólo podemos expresar nuestra impotencia, nuestra santa furia, como los chicos: pataleando y llorando sin que nadie nos haga caso.
La autora "está muy cansada", no por los recortes que haya sufrido porque volverán a crecerle como el pelo y porque de ellos la compensa el infinito privilegio de integrar la honorable familia de sus compatriotas, sino por compartir el peso de la frustración generalizada. Porque es célula de todo un organismo social y no aislada partícula. Porque más que la imagen del país en el exterior le importa y duele el cuerpo de ese país por dentro.

Y porque no es una revolucionaria pero está muy cansada, no se exilia sino que se va a llorar sentada en el cordón de la vereda, con un único consuelo: el de los zonzos. Está rodeada de compañeritos de impecable delantal y conducta sobresaliente (salvo una que otra travesura). De coeficiente aceptable, pero persuadidos a conducirse como retardados y, pese a su corta edad, munidos de anticonceptivos mentales.

Todos tenemos el lápiz roto y una descomunal goma de borrar ya incrustada en el cerebro. Pataleamos y lloramos hasta formar un inmenso río de mocos que va a dar a la mar de lágrimas y sangre que supimos conseguir en esta castigadora tierra.