lunes, 21 de junio de 2010

El mediador


OLIVERIO COELHO sigue a la selección de Argentina para el diario español EL PAIS. La que sigue es una buena semblanza de nuestro equipo

Me niego a hacer el cálculo de las horas de fútbol que llevo, pero creo que he visto el ochenta por ciento de los partidos de este Mundial, y comienzo a sentir los efectos secundarios de la enajenación televisiva. Lamentablemente recién ahora, después de doce años, tengo de nuevo televisión, justo cuando el fútbol de elite es una práctica demasiado táctica, en la que cada jugador tiene una especialización. Este fútbol tedioso se parece cada vez más a un ajedrez de espacios reducidos, defensas cerradas, asfixia de las piezas del rival. El espacio explosivo de la combinación y la fantasía ha quedado relegado, porque ganar es secundario: la estrategia para un ajedrecista posicional –Karpov, por nombrar al mayor exponente– consiste en jugar limitando al rival hasta que este cometa un error, para ganar la calidad –o la mínima diferencia–.

Maradona450 Argentina en ninguno de sus dos partidos especuló. Tampoco lo va a hacer contra Grecia. La selección sólo funciona ofensivamente, y ahí reside su distinción en esta copa mezquina: es casi el único equipo que se ha arriesgado a perder y ha pulido un método para romper esquemas cerrados. A mi modo de ver, esta agresividad innata –ningún equipo pone tantos jugadores talentosos en ataque– es equivalente al ajedrez de Bobby Fischer. Sacrificio de piezas y posiciones, combinaciones audaces para gestar ataques que tarde o temprano horadan al contrincante. Esta es la apuesta de Diego Maradona.

Muchos preguntan si es un buen técnico. Yo creo que simplemente tiene un estilo excéntrico para el presente del fútbol. Trata a sus jugadores no como a piezas de un engranaje, sino como a humanos tocados por un don o un deseo, algo fuera de lo común en este fútbol hiperprofesionalizado con técnicos como Capello o Ericsson, más parecidos a empresarios que a técnicos en busca de gloria.

Ayer, en un café, mi amigo P., comentó que la forma de dirigir de Maradona es de otra época. Stabile estuvo veinte años al frente de la selección nacional –del 40 al 60– y solía, como nuestro entrenador actual, agrupar a los talentosos, sin especular. Le indicaba a cada jugador su zona y le decía que hiciera lo que sabía: tratar bien la pelota, tocar y gambetear. En ese periodo Argentina no ganó ningún Mundial, pero deslumbró con su juego.

De modo que en este mundial hay que reconocerle a Maradona algunas virtudes, no importa cómo le vaya, por el sólo hecho de entender todavía el fútbol de la misma manera en que a él le gustaba jugarlo. Creo que Maradona nunca estuvo preparado para dejar el fútbol. Los verdaderos genios, cuando entran en decadencia, experimentan una etapa de autodestrucción. Tocan fondo y se transforman, a través de la tragedia, en un mito de carne y hueso: semidioses caídos en desgracia.

Cuando estaba cerca de volverse una caricatura de sí, urdió un plan maestro para volver al fútbol: asaltar la nave desquiciada de la selección nacional. Hasta ahora ha mostrado que sirve más que anteriores entrenadores y que con una liturgia heterodoxa –el rosario, el afecto, el diálogo continuo con los jugadores, es decir, la transmisión de su aura–, obra como un verdadero mediador entre Dios y los hombres. Finalizado cada partido, bendice a sus jugadores con un abrazo, como si fueran hijos que vuelven de una batalla.

Considerando que esta vanguardia de futbolistas-guerreros confía en este semidiós que está de vuelta de todo, la selección no tendrá inconvenientes en quemar las naves ante Grecia, y en instancias definitorias quizás perder de la mejor forma, por una fatalidad –Fischer también perdía partidas de contra ataque–. Como afirmaba ayer mi amigo P., en el fútbol casi nunca gana el mejor.

* Oliverio Coelho (Buenos Aires, 1977). Su último libro es "Parte doméstico" (Emece, 2009). Administra el blog conejillodeindias.blogspot.com.

3 comentarios:

SERALE dijo...

Me gustó esta entrada. La verdad es que Maradona da para escribir libros y libros, es-para bien o para mal, guste o no guste-un personaje. Y es bien argentino, por donde se lo mire.
saludos.

Neogeminis dijo...

Habitualmente no me engancho con el fútbol, pero suelo hacerlo durante los mundiales, -como en general, todas las mujeres-.
Por lo que se aprecia, creo que este análisis de lo que se ve en este mundial es muy acertada. Sin mitificar a Maradona, creo que hasta ahora ha acertado en sus estrategias. Veremos cómo sigue y esperemos no caiga en los excesos o en el descontrol ante el primer traspié, como suele hacer. Tampoco creyera que se deje llevar por su ego sobre dimensionado llegado el caso del triunfo.

Saludos, desde Rosario

Vanessa dijo...

Hola Luis, a mí no me gusta el fútbol, pero este mundial me lo he "tragado" enterito por mi marido, jajaja.

Saludos, me gustó esta entrada.